Era el tercer martes de agosto y la actividad propuesta a ese grupo de amigas fue: “Vamos a conocer los jardines verticales que prepara Delia”.

Con entusiasmo acepté la invitación para sumarme al grupo. Se trata de unas amantes del mundo vegetal, coleccionistas infatigables de gajos prometedores, nombres difíciles y secretos jardineriles para compartir. Pero además son amigas consecuentes que se alegran de poder estar juntas unas horas, intercambiando simpatía, hobbies y descubrimientos.

Los jardines verticales son un descubrimiento de  esta cultura en la que vivimos y a la que le gusta contrariar los cánones de la realidad: el suelo es horizontal (a lo sumo, ondulado); las plantas crecen de abajo hacia arriba, y no “de costado”; las aguas de riego escurren… Uno puede imaginar una obra de arquitectura que se proponga ocultarse tras las matas de brotes, hojas y flores, a la manera de un jardín rocoso. Pero… ¿un jardín vertical hecho en casa? ¿Al alcance de la habilidad de estas amigas jardineras?

Y allá fuimos y descubrimos que Delia supo pintar cuadros con suculentas, armar cascadas con Hédera elix variegata, Leptospermun, Nandina doméstica compacta, Verónica, Clorophitum, Abelia  floribunda enana, Lavanda enana, y Salviay hasta pudimos espiar un panel en preparación, en el cual, en algún momento de esta primavera aparecerán petunias rutilantes a modo de pinceladas sobre alguna pared.

A modo de tallo gigante, un caño multiperforado mostraba multicolores alegrías del hogar (Impatiens); no faltó el concepto de reciclado en esta jardinería llena de sorpresas: en cajas de leche se ordenaban unos bellos geranios enanos y en botellas de gaseosas, Incienso, Drascena enana, , Philodendron enano e Impatiens (entre otras), estallaban en burbujas.

Reservadamente, tenemos que reconocer que hay un colaborador cercano a Delia que resuelve todos los inconvenientes mecánicos y logísticos de los jardines colgantes. Pero ni siquiera lo invitamos a compartir las tortas y las bebidas del final.

También encontramos otras sorpresas en el jardín de Delia. Unos bancales en altura, rebozantes de lechugas y rabanitos, unos especímenes difíciles y misteriosos, de uno de los cuales recibí un gajito que acabo de plantar, y que decidí que se tenía que llamar: la varita mágica de Delia. Es un tallo (¿tallo?) derechito y largo, con silueta en zig-zag, lisito, verde oscuro, coronado por unas hojitas rojo-rosadas preciosas. Me dijeron que su nombre botánico es Euphorbia, pero para mí, será siempre la varita mágica de Delia.

Gracias a todas por compartir un reducto tan afectuoso como gratificante. Gracias Delia.

Beatriz Tornadú